Recuerdos de Edimburgo
No pretendo hacer mucha introducción de este post. De hecho y casi al igual que los demás me servirá para recordar. De hecho, el primer objetivo de este blog es hacer apuntes de todo aquello que va despertando mi curiosidad o que simplemente quiero dejar plasmado por este medio para recordarlo después, cuando casi lo haya olvidado.
Partenón Inconcluso en Edimburgo (Edimburgh’s Holly): también en esta ciudad, en la capital turística de Escocia, se puede ver una construcción inconcluso del Partenón en la colina Calton Hill o el mirador (como le bautizé en mi estadía).

Callejón en Edimburgo: definitivamente caminas más cuando estás turisteando; y en otros países te resulta toda una novedad. Pero en Edimburgo, las inclinaciones son de muerte y en su mayoría por el Old Town. Pero no pude dejar de tomar una foto porque entre el aire europeo y el pronunciado estilo gregoriano de las construcciones, se arma una mezcla perfecta para ser fotografiada.

Semáforo Ambulante: ¡en serio!, este semáforo lo ponen cuando están en obras y tienen que cerrar un carril a cierta calle. No podía creer lo que estaba viendo y cómo los conductores agarraban la onda y respetaban el nuevo señalamiento.

Bobby de Greyfriars: el perro que amó tanto a su amo que lo acompañó y velo en su tumba.
Tiempo después, ciudadanos le construyeron un hogar en el cementerio y tiempo después, cuando Bobby murió, lo enterraron junto a su amo. Bobby era un Skye Terrier y este es el busto que le hicieron en memoria, y por cierto, es uno de los puntos más fotografiados en Edimburgo. Y por si fuera poco, en casi todas las tiendas de Souvenirs encuentras peluches de Bobby… casi al igual que los peluches de Nessy, o sea, el monstruo del Lago Ness.

Guardia Escocesa en el Castillo de Edimburgo: es tan raro ver a un hombre de falda y tan cerca, pero terminé enamorada de ellos. Me fascinaron. Me parecieron completamente sensuales, muy a parte de que la mayoría lo eran (no puedo generalizar). Porque no sólo era porque llevaran el kilt (falda escocesa) sino por el porte, la marcialidad, el orgullo, el nacionalismo que no se arrancan por nada del mundo y los hace más interesantes.

Castillo de Edimburgo: no puedo decir otra cosa más que: me fascinan los castillos y la historia que sobrevive en ellos; en sus paredes de roca sólida y manchada; en su interior, lleno de armas de combate de siglos pasados; en la mortalidad por las batallas tratando de defenderlos. En fin, son tantas sensaciones que podría decir que casi pude sentir la energía de todos los que murieron en batallas diferentes tratando de defenderlo.
Por cierto, el Castillo está construido en el tope de un cerro que no muy difícilmente se puede escalar y esto, ayudó a mantenerlo poderoso y rígido en lo alto de las diferentes batalles que vivió la ciudad.

Holyrood Park (o Parque de Holyrood): lo más chistoso fue que en dos tours que tomé, nos dijeron lo mismo, que había muchos incidentes de personas que trataban de escalar las colinas y se quedaban varados, así que desistí en la idea de escalar y me refugié en la contemplación de sus colores. Un dato curioso es que las flores amarillas que se ven como una mancha sobre las colinas, huelen a coco… ¡sí!, y no se por qué o cómo.

Tags: Edimburgo, recuerdos, viaje, viajes
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